24 agosto, 2012

Jornalismo subsiado a la "Freedom Fighter"

El "crowdfunding" (o mecenazgo) es una fórmula de financiación nueva para el estrecho periodismo de derechas pero antigua en las creativas izquierdas (“suscripción popular” lo llamamos en llano cas
tellano antes que a la postre de lo sucedido en Berlín se lo tomase todo la lengua del Imperio). Llamándosele de una forma u otra, así se han parido con enorme éxito dos diarios en el Estado, ambos cerrados de forma brutal, ilegal e ilegítima por el paladín de la libertad de expresión Baltasar Garzón y sus patrones del postfranquismo. De experiencias como estas sabemos que ni lo del “craufandin” es nuevo y que lo de apoyar proyectos mediáticos de derechas y sabotear los de izquierdas, es viejo. Y por si a alguien le quedaban dudas o efectos incurables derivados de sufrir el acné frente al No-Do, Informe Semanal y las películas de John Wayne, la plataforma de “craufandin” “más inn”, (llamada Kickstarter y apoyada por el New York Times CNN y BBC...) recauda miles de dólares para el proyecto periodístico-militar de un personaje que se arrastra entre lo cómico y lo tenebroso.

El elemento en cuestión es un tal Matthew Van Dyke (nada que ver con la musculoca belga). Este personaje "made in U. S A" es el que durante la pasada guerra se fue a Libia a hacer lo que todos (desinformar) y terminó de "freedom fighter" haciendo turismo bélico contra Gadafi.

En una entrevista publicada por medio mundo, el gringo metido a miliciano declaró -literalmente- que pegaba tiros "para que Libia algún día sea una democracia en la que pueda haber McDonalds". Lo dicho, todo un demócrata.

A diferencia de otros que desafían a los más letales enemigos de los pueblos y no pueden vivir en la legalidad ni regresar a sus casas -sin ni siquiera haber ejercido la acción armada- este reportero con licencia para matar jamás tuvo ni tiene causas pendientes en "el mundo libre" (pues apuntaba hacia Oriente, el lado correcto) y no contento con divertirse en Libia, pide hoy plata para regresar de fridomfaiter a Siria, ese lugar en el que según nos repiten y tripiten, unos representan la libertad y otros el mal.

Dicho esto y sin ninguna mala idea, uno fantasea con la posibilidad de pedir financiación en Kickstarter o cualquiera de estas plataformas anglosajonas super trendies y siempre super a favor de la libertad de expresión, para hacer un reality en el que se vea como unos freedom figthers de la prensa preparamos un atentado contra el Pentágono (por empezar con algo verdaderamente humanitario, útil y justo) o para irnos con una milicia palestina de videoreporteros a luchar contra las fuerzas de ocupación en Gaza o, no sé, de guerrilleros contra el narcoestado colombiano que desmembra niños con motosierras gracias al silencio de los medios más competitivos.

Sí, me imagino en Nueva York, Washington o Londres a ese grupo de hipsters creativos que aprueban o no proyectos para sus emergentes plataformas crowdfunding super mega democráticas. Ahí los veo con camisetas de Coldplay, osea, calzando New Balance, con sus gafas de “postmos” y con su fundadísima oposición a la violencia respondiendo (antes de filtrar nuestra IP al FBI).

-"Hey tío, en Kickstarter no hacemos política ni terrorismo, lo nuestro es sólo periodismo...".

Y ahí va el Matthew internacionalizado su modelo de democracia fritanga, pidiendo tela para hacer la guerra desde las poderosas plataformas del "lado correcto de la historia", como dictó en rueda de prensa el presidente de la OTAN a sus taquígrafos disfrazados de reporteros, horas antes de comenzar aquellos bombardeos humanitarios...

Así son las cosas, al pan pan y al vino, vino, el muerto al hoyo y el vivo al bollo. La lucrativa “libertad” de VanDyke, Kickstarter, CNN o NYT hará de Siria un gran McDonalds, aunque el ketchup, lo pondrá el pueblo.
 

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